... También la lluvia (2010)

TAMBIÉN LA LLUVIA - de Icíar Bollaín
con Gael García Bernal y Luis Tosar
[alquilada en dvd]
También la lluvia es una muy buena película que creo puede gustar a un público amplio. Está hilada con la simplicidad usual de Paul Laverty (guionista regular en los films de Ken Loach), quien nos cuenta la historia de un equipo español de filmación que se instala en Cochabamba (Bolivia), para hacer una película sobre la conquista de América.

Me gustó que sobre una base simple, en la cual se muestran las similitudes entre aquellos nada bienvenidos visitantes hispánicos y el actual equipo extranjero de filmación, se transmitieran también otros elementos más sutiles, como por ejemplo el rol del artista como denunciante social. Sin profundizar demasiado en ello, la elección de los personajes (y las consiguientes buenas actuaciones de la mayoría) permite dibujar en cada uno diferentes maneras de lidiar con las implicancias políticas de la tarea artística. 
También rondando en el aire está el planteo de hasta dónde y cómo puede participar un "extranjero" en la problemática de la comunidad que visita. Por más comprometido que éste se encuentre, lo ajeno de la causa pone un límite y obliga al visitante a dar de sí solamente hasta cierto punto, y a un nivel más bien compasivo y humano. Nadie puede instalarse en terreno foráneo y enarbolarse con banderas que no le pertenecen, pero sí puede acompañar a quienes allí lo hacen, y tal vez aportar una mirada externa de apoyo.


Al margen de estas elucubraciones demasiado vuelteras para el tono simple y afectivo de la película, También la lluvia es fresca, con justas pretensiones, y calma la sed de cine humano que venía teniendo. Un film sencillo y grande, para latinoamericanos o extranjeros, visitantes o conquistados.

... Or noir (2011)

ORO NEGRO - de Jean-Jacques Annaud
con Tahar Rahim
http://www.imdb.com/title/tt1701210/
[avant-première en Roubaix]
Emerjo de las cenizas, en parte inspirada por muchos de sus lindos comentarios sobre el blog, para tratar de retomar este espacio. Y lo que hoy les voy a contar es sólo cinéfilo en lo anecdótico, pero más que otra cosa es una reafirmación de las fuerzas internas y externas que realmente ordenan este mundo, invisibles y simpáticas (a veces).

Venía yo con algunas semanas medio duras de sobrellevar, de ésas que nos hacen replantear si las cosas están bien como las hacemos y si hay algo para decidir o si simplemente la molestia es reflejo del destino. Como el mejor remedio a todo suele ser una película, tenía programado ir a la avant-première de Oro Negro en un cine relativamente cercano, porque se presentaba imperdible. La figura: Jean-Jacques Annaud. Hombre que me ha conmovido de formas tan diferentes a lo largo de mi vida, con El Oso, Enemigo al acecho, y hasta con la criticada Siete años en el Tibet que a mí me gustó tanto, se merecía verlo presentar esta nueva obra.
En un estado para nada eufórico debido a mis conflictos del alma, llegué al cine como a una especie de visita médica para recibir el toque mágico del arte, que todo lo ilumina. Una vez adentro, me encuentro con más gente de la que yo esperaba y un "boletero" que pone cara de asunto serio: -No hay más entradas.
Por dentro sentí salir una especie de puteada ligera debido al no tan corto viaje que me hice hasta el cine, con el cansancio y la conflictiva, y sobre todo por la pérdida del medicamento que iba a sanar mis males. Sin embargo, también estaba en ese estado donde qué más da, y en respuesta rápida de quien se siente rechazado, pegué la vuelta sin protestar ni un poquito.
Cuando estoy acercándome a la puerta para salir del cine, ya enfurruñándome en mis pensamientos dramáticos otra vez, aparece cierto señor canoso en la entrada, rodeado de una comitiva aduladora, y mientras me doy cuenta de quién se trata, Mr. Annaud comienza a avanzar en mi dirección, pasando a mi lado y mirándome sin mucho interés.
Si uno va a la avant-première de la película de alguien y en un intento por irse se topa con ese alguien, hay algo que no cierra en la partida. Con una nueva motivación, enardecida por el reciente encuentro cholulo, me vi a mí misma avanzar determinada hacia el "boletero" (llamémoslo B), y reclamarle un lugar para la cinéfila sufriente (yo). B se asombró por mi regreso y me dijo que si bien no había más entradas, cierta gente no había venido, de modo que lugares libres efectivamente había. 

Acá quiero hacer una pausa para enfocar esto, que no es más que una anécdota tonta, como me gustaría que lo vean: Lo que busco resaltar es que en algún punto antes de ir a ver la película, yo había decidido que tenía que salirme de lo cotidiano aunque no tuviera tiempo para hacerlo, en pos de ganar perspectiva: el método parecía un poco simplón, pero fue un movimiento reflejo hacia un lugar -el cine- que siempre se encarga de darme satisfacciones. Esa decisión tomada en no sé qué momento, ordena todo el resto. Yo ni siquiera me sentía con ganas de ir, no estaba entusiasmada, no me importaba que no hubiera lugar. Pero la decisión, de esas cosas no se entera:

Parada en un rincón, presintiendo que la cosa se estaba por poner divertida, me dediqué a esperar a B que iba a por noticias sobre los prometidos lugares desocupados. B vuelve con cara de satisfacción: -Hay lugares, pero son para estas señoras que (por un motivo no declarado al público plebeyo) tienen prioridad-. Miro a mi derecha: tres ricachonas señoras, aparecidas de no sé dónde y con sonrisa de estar en su derecho, se aprestaban a recibir sus entradas. Lanzo a B una mirada amenazante, pero él se excusa rápido y me intenta despachar. 
A esta altura había aprendido que eso de irse no venía al caso esta noche, de modo que mientras las viejas-primera-clase pasaban a mi lado, volví a mi rincón de espera. (He ahí la clave de la vida: paciencia.)

Después de un tiempo prudencial, veo a tres chicas hablando con B acerca de posibles lugares libres de gente que tampoco llegaba, y me apresuro a sumármeles. B va a ir nuevamente a chequear (la sala estaba en un primer piso, así que mis aplausos a B por subir y bajar tantas veces por estos clientes hinchapelotas) y las chicas y yo esperamos impacientes. Antes de irse, B pasa a un lado mío y me dice: -Si hubiera lugar, las chicas tienen prioridad-. Yo le digo sí con la cabeza, maldiciendo por dentro a todas las prioridades del mundo, pero con certeza de que esa noche no tenía más que hacer que estar ahí, esperando.
Al regreso de B, y mientras intercambiábamos lo que yo creía eran sonrisas cinéfilas con el grupito de tres chicas que aguardaban conmigo su entrada, lo escucho decir agitado que efectivamente los últimos lugares libres existían, eran tres y estaban disponibles para ellas. Mi sonrisa cómplice hacia las chicas se transformó en diabólica, pero esto no acababa, y me quedé atrás observándolas recibir sus boletos. Una de ellas reclama: -¡Pero no están juntos los asientos, nosotras queremos sentarnos juntas!- Mientras yo pensaba a qué clase de espectador le puede importar esa minucia, pude ver cómo B dirigía su mirada con poderío boletero hacia mí, sabiendo sin dudas el final de esta historia: -¿Entonces no las quieren?- les dijo, mientras ellas ya se iban, dejando atrás su inexistente fanatismo por Annaud.
Yo emerjo desde el fondo, me acerco a B y le pido por última vez una entrada para mí. -Tuvo suerte- me dice -¡Hizo bien en quedarse todo este tiempo esperando!- un poco asombrado de que, o bien me importara tanto una avant-première o tal vez tuviera habilidades clarividentes.
En cuanto me acompaña por la escalera que tanto subió y bajó esa noche, B (que ya me había tomado cariño a estas alturas) advierte que mi lugar es en primera fila, es decir que mi cuello iba a tener que doblarse demasiados grados hacia atrás para disfrutar la peli. Contenta por lo logrado, poco importaba mi cuello, y en despedida le agradecí con sinceridad a B.
Cuando entro a la sala, descubro las últimas sorpresas de la noche: que el espacio entre la pantalla y la primera fila era ese perfecto que siempre busco en un cine normal, y que allí a dos metros de donde yo me estaba sentando, Jean-Jacques Annaud estaba empezando a hablar sobre sus aventuras filmando esta película y sobre los ojos de Tahar Rahim.


Mientras lo escuchaba hablar, me encontré tratando de abarcar todos los pedazos que se estaban juntando esa noche: la niña de 5 años que era yo, llorando en una sala de cine cuando veía El Oso, con la que más grande se enamoraba de un Jude Law francotirador, y la que llegó hasta Francia en parte impulsada por tanto cine; también con esa yo última que hacía un ratito se sentía tan mal y que sin hacer nada logró meterse a la sala, y conocer al director de tantas horas mágicas de su juventud. No es que las palabras de Annaud fueran tan aburridas, pero no podía dejar de pensar en que uno es tantas cosas al mismo tiempo, uno es todos los que fue y el que es ahora, pero también ahora es múltiple: es aquél que está impaciente y esa otra parte sabia que espera. A la que no le importan los motivos por los que espera, pero que se queda parada con paciencia y sabiduría, conociendo los engranajes de las cosas, que frente a una decisión bien tomada, se pliegan y ordenan para que todo salga como tiene que salir.

Perdida entre una sensación de atemporalidad potenciada por las circunstancias y por la historia super cinematográfica de Oro negro, disfruté después de todo de un muy respetable film. Una película de aventuras honesta y clásica, "de las de antes", hermoseada, claro, por los ojos de Tahar Rahim.


... Melancholia (2011)

MELANCOLIA - de Lars von Trier
con Kirsten Dunst y Charlotte Gainsbourg.
[En UGC Ciné Cité Lille]
Podría hacerme la vida más fácil y no comentarles que fui a ver Melancholia, porque tengo miedo a lo que pueda salir de esta reseña. Sin embargo, y un poco para sacarme de encima la nube pesada que me dejó verla, voy a ver si puedo darle una vuelta para que tenga algún sentido.

Punto uno: Película loca, sin dudas. Desde el arranque nomás se permite sumergirnos sin introducción en el planeta espantoso y desolado de la depresión de Justine, el personaje de Kirsten Dunst. Después se mantiene con bastante "lógica" y argumento lineal, pero un ambiente de irracionalidad rodea todo el film. Éste está hecho -sin embargo- de forma más estructurada de lo que pensaba (más incluso que The tree of life, por ejemplo), en dos partes que permiten dos análisis separados:


Punto dos: El primer segmento, desde el punto de vista de Justine, nos presenta y envuelve en su visión angustiosa de la vida. En principio más sutil, y luego ya como una enfermedad, su depresión me produjo empatía por un corto rato y después me puso a pensar en el límite que existe entre la angustia existencial y la sintomática, por ponerle algún nombre. Quiero decir: frente a los eventos frívolos que rodean al personaje, su apatía es casi razonable y no cuesta mucho comprendrer su impresión de sinsentido de todo. A medida que avanzaba esta primera parte la película, pensaba yo que hay un límite donde -a pesar del sinsentido-, la incapacidad de transformar lo voluble de la realidad en algo alegre o positivo es una deformación. O sea, así como las cosas no tienen una naturaleza "buena" o "mala" per se, y un depresivo (al descubrir ésto) no puede encontrar nada de qué agarrarse, su capacidad de despegarse del entorno -si fuera sana- debería permitirle también reinventarlo para su disfrute.

Punto tres: El segundo segmento se ve desde los ojos de la hermana de Justine, Claire (Charlotte Gainsbourg con su aburrida actuación), quien durante la primera parte luchaba por ingresarla en las formalidades de la vida en sociedad, y aquí nos muestra su propio aislamiento. Toda esta parte está muy bien hecha, sobre todo en cuanto se va reflejando cómo su intolerancia a ingresar al mundo de la "melancolía" (hay toda una metáfora planetaria al respecto que no vale les comente) es una resistencia inútil a aceptarse en el mismo lugar que su hermana. Y también, que la convierte en alguien no preparado a la transformación final de descubrirse allí en la angustia, para ir hacia quién sabe dónde.


Me debo haber perdido miles de símbolos, pero el principal (el de los planetas y demás) me gusta tomarlo a mi manera, como acabo de decir: el final no tiene por qué ser tan simple como parece, y al fin y al cabo toda la película puede interpretarse como una reivindicación de la melancolía en cuanto modo de desapego. No porque sea necesario reinvindicarla, sino porque en tiempos de crisis no sirve mantenerse apegado a viejas estructuras, ni dejar de descubrir universos nuevos que nos puedan rescatar de este otro que ya explota.

Mi veredicto final: un poco snob, pero interesante.

... dos avant-premières a esperar!

Noticias emocionantes para mí:

El nuevo film de Christophe Honoré, Les bien-aimés, a estrenarse el 24 de agosto en Francia, podrá ser visto (por mí!) en avant-première el próximo 23. No es que un día haga la diferencia, el factor emocionante en este caso es que será la primera vez que veré a don Louis Garrel en pantalla grande. La película: Un musical, con los actores de siempre de Honoré, pinta bien.


La que sí llegará mucho antes de su estreno oficial es la nueva obra de la todopoderosa Julie Delpy (como en las suyas anteriores, escribe, dirige y actúa): Le Skylab, que sale oficialmente en Francia el 5 de octubre, pero podré verla durante la semana del 11 al 18 de septiembre.


¿La razón del adelanto? Un festival que me tiene entusiasmada, el cual aportará muchas avant-premières prometedoras y al parecer participación de los realizadores: El CINESUN, que se viene para los que estamos al norte.

¡A esperar con impaciencia!

... Bridesmaids (2011)



Ayer fui a ver la comedia Bridesmaids con (y escrita por) la simpatiquísima Kristen Wiig de Saturday Night Live, y resultó realmente divertida! Difícil reírse un rato con el humor yanqui, así que la rescato. Tal vez tiene algo que ver mi deleite con lo bien que me cae Kristen en sus sketch de SNL, pero cómo no quererla:
Perdón por los videos en inglés, de cualquier forma el humor es intraducible!

... Pieds nus sur les limaces (2010)

PIES DESCALZOS SOBRE LAS BABOSAS - de Fabienne Berthaud
con Ludivine Sagnier y Diane Kruger.
[Alquilada en dvd]
A los queridos esperanzados en que volviera a escribir algo, acá va un intento de retomar las reseñas, con todo el temor de tener la máquina herrumbrada:

Pieds nus... es una simplísima película sobre la familia, yo creo; sobre la verdadera comunión que existe con aquél que le permite a uno ser a sus anchas en compañía. Diane Kruger interpreta a la esforzada hermana mayor de una Ludivine Sagnier un tanto retrasada intelectualmente, salvaje y afectiva. El reencuentro entre las dos despierta en la mayor toda su naturaleza dormida y le hace replantear su realidad presente, entre otras cosas su matrimonio, amargado y establecido. 
En un principio Diane no me resultó nada convincente en su sufrimiento, pero progresivamente el rostro impasible de la alemana se nota acertado, y se va transformando en la medida en que lo hace su personaje. Lo mismo con Ludivine, quien parece a fin de cuentas repetir lo mismo de siempre, pero muestra un arrojo mayor que otras veces en su actuación, y me termina convenciendo.

Sin desligarse del tema "familia", y justamente asociado a ella, otro lindo ángulo de la peli es aquél que se enfoca sobre la parte más animal de las personas, en un sentido delicado: con hermosísima fotografía se muestra el contacto del ser humano con la tierra, el sol y sus colores; se refleja perfectamente la sensación de expansión que se experimenta al tolerar el contacto con lo salvaje (a eso va apuntado, supongo, el título del film), y lo que significa realmente disfrutar las cosas. Combinando ambos tópicos, entonces, mi impresión general fue que la película hace una afirmación sobre que la verdadera familia la constituye quien nos permite experimentar el contacto con el otro y con el mundo a un nivel más primitivo y real.

En el aspecto argumental el asunto no es impecable (tal vez los personajes, y sobre todo los diálogos, no terminan de ser realistas), pero el enfoque bastante honesto de la directora y las interpretaciones hacen que la idea principal surta efecto... Que uno extrañe esos momentos que casi todos vivimos en la infancia, de chivateo entre los yuyos durante tardes de meriendas y de flores, quizá con algún hermano que reía al mismo tiempo que nosotros. 
Retomar esa risa será el anhelo de muchos (para algunos no necesariamente recreando las circunstancias sino también recuperando la capacidad de reír como antes), y en estos tiempos también el mío. Dedicado va entonces, todo esto, a mi hermana y su compañía bajo el sol.

... Midnight in Paris (2011)

MEDIANOCHE EN PARIS - de Woody Allen
con Owen Wilson, Rachel McAdams y Marion Cotillard.
http://www.imdb.com/title/tt1605783/ 
[En Le Majestic Lille]
Cerrando la trilogía de películas del último Cannes que he visto por estos tiempos (ojalá pueda ver algunas más), tuve el agrado de encontrarme con esta simpática película romántica (porque sin duda otro género no le cabe mejor) de Woody Allen, que tiene mucho de comedia y una ligereza siempre bienvenida.
Midnight in Paris cuenta la historia de un hombre sencillo que, como muchos otros, tiene sus esperanzas puestas en lo inalcanzable (París, el romanticismo, épocas pasadas) e intenta evadirse de su entorno banal-americano. Si bien el mensaje que encierra es claro y repetido hasta el cansancio durante la película: "no todo tiempo pasado fue mejor, el presente es la tierra de las posibilidades", la idea que a mí me gustó ver dibujada en el film fue la del significado de una pareja. Pareja es aquella que comparte el camino, el paisaje: Nuestro protagonista se siente separado de su futura esposa (norteamericana como él) por sus anhelos divergentes, y esto se traduce en que cada uno termine viendo realidades separadas en una misma Paris. Entonces la simpleza de la narración consiste en seguir paso a paso la reconciliación de este hombre pseudo-romántico con su entorno y su concepción de la pareja, hasta ese punto de equilibrio donde no hace falta escaparse de lo prosaico, pero tampoco renunciar a lo mágico.


El humor típico de Woody Allen está presente, y si bien arranca un poco flojo, se va remontando hacia la mitad de la película y tiene pasajes super graciosos. Entre ellos, la breve aparición de Adrien Brody, quien nunca me gustó como actor y encima tiene aquí el nada fácil rol de Dalí; sin embargo, sale airoso del desafío (hay que verlo). También tiene varios personajes muy bien armados (los suegros, entre ellos), otros no tanto (lo de Carla Bruni es completamente soso), y la mayoría funciona con lo suficiente (Wilson, Cotillard, McAdams).
En fin, tengo que admitir que quizá gran parte de mi agrado hacia este film puede venir de la desilusión que me trajo el viejo Woody con su Conocerás al hombre de tus sueños, la última suya que vi, y que me resultó aburrida, chata y sin sentido. Con tremenda preparación, fui casi resignada a la sala y me sorprendí en cambio con pura simpatía. Insisto: no encontrarán aquí una gran película (tal vez la última que Allen hizo así fue Match Point) pero es inmensamente disfrutable, por eso la vería de nuevo.

... The tree of life (2011)

EL ARBOL DE LA VIDA - de Terrence Malick
con Brad Pitt, Jessica Chastain y Sean Penn.
[En UGC Ciné Cité Lille]
Uno de los principales desafíos de quienes hacen cine es lograr que el espectador ingrese, sin darse cuenta, al espacio que le presentan con su película. En ese sentido, por más talentoso que sea un director, siempre es necesario un mínimo de consentimiento por parte de la audiencia para entrar a ese lugar desconocido, con reglas propias, que de antemano le es ajeno. Todo esto viene a que, durante la proyección de El árbol de la vida, mucha gente de la sala que la veía conmigo empezaba a quejarse, comentar o reírse de todos los elementos atípicos que hacen de este film lo que es. Sin duda, esto sucede porque la gran mayoría va esperando determinada cosa de la pantalla, lo que me hace preguntar entonces para qué ir a ver una película nueva, si se busca algo conocido. Porque El árbol de la vida, como toda gran película, tiene un universo propio con una intensidad muy particular, que no recuerdo haber encontrado en ninguna otra (de mis preferidas o no). Sí, tiene varios agregados desconcertantes, pero completamente lógicos en el conjunto, y a lo sumo pueden dejar alguna que otra pregunta dando vueltas, lo cual la vuelve más sugerente.
Sumada a la poca disposición de la gente a un formato no muy convencional, creo que un factor importante para el disgusto de buena parte del público es la intolerancia al tipo de sensaciones que remite esta historia trascendental, que se encarga de retratar -en una de las formas más puras que he visto- la esencia misma de la vida. Es que Terrence Malick ha conseguido aquí mostrar todo aquello que es hermoso en esta tierra, todo lo que late y lo que brilla, los colores, los aromas, los detalles y, con destreza, las sensaciones que todos ellos producen a su contacto. Se trata de una experiencia completamente sensorial dosificada en escenas tremendamente identificables en nuestra historia personal, que nos hacen rebrotar la percepción de esos momentos, y parecen cuestionarnos en presente cuándo perdió uno la sensibilidad necesaria para registrar tanta exhuberancia que nos rodea. Con mano delicadísima e increíble sentido estético, Malick demuestra haber coleccionado un esplendoroso ramo de situaciones e impresiones, en secuencias de profunda y entera belleza. Y no es éste sólo un despliegue de la belleza de lo agradable, también -y sobre todo- la belleza de la angustia, de la inmensidad, la del dolor.


El argumento central -un hilo fuerte, por momentos invisible ante tanta fastuosidad cinematográfica- narra el porvenir de una familia, entre sus vínculos y sus pérdidas, moviéndose en el tiempo y focalizándose sólo en eventos aislados, de importancia emocional más que otra cosa. Sumamente resaltables aquí (Brad Pitt, no tanto) Jessica Chastain como la madre, una especie de ángel de la tierra, expresívisima y hermosa; e igualmente el niño-actor Hunter McCracken (una mezcla entre el protagonista de ET y Emile Hirsch), quien tiene como contraparte adulta un Sean Penn haciendo gestos conocidos, en una de las secciones más flojas de la película.
Hay mucho de original en cuanto al tratamiento de la historia: Aunque sabemos que determinadas circunstancias les pasan a los personajes, y la narración pareciera avanzar, también se nos destaca que en un plano más general todo se vuelve anecdótico, y que lo que subsiste son las secuelas perceptivas de los eventos. Que el tiempo del universo es otro, y que nuestra vida es un corto destello del cual podemos atrapar tantas luces como queramos. Esa es, para mí, una hazaña a nivel fílmico: manifestar el sinsentido y la plasticidad de las formas, y sin embargo mediante ellas transmitir lo que se desea; explotar al máximo la potencia visual y auditiva, y la del campo de las ideas, para trascender libre a través de ellas. (Creo que no me quedan ya más halagos para esta película.)


Si bien la presente reseña me tomó más tiempo del que hubiera querido, lo cierto es que la postergué porque por mucho que quisiera hablar al respecto de El árbol de la vida, se trata de las veces en que no hay grandes aportes para hacer sobre un film y su estupendo poder artístico se manifiesta sólo viéndolo con los sentidos despejados. Y en esta línea de ideas, elegirles un par de imágenes para ilustrar el comentario resulta una de las tareas más ridículas que puede emprenderse: Si yo antes había mencionado los hermosísimos planos de Le gamin au vélo, aquí me quedo corta para explicarles o mostrarles lo que se puede hacer con una cámara y el conocimiento sobre su entorno que parece tener Malick.
En síntesis, y para no prolongar algo que no necesita de más vueltas o explicaciones, es ésta una de las películas que más me ha impactado en todas (pero todas) mis idas al cine, y considero una muestra de valentía lo que ha hecho su director al armarla. Porque pueden interpretársele aires complicados de snobismo en su originalidad, pero es ella en esencia un producto simple, una muestra de simpatía hacia la vida, envuelta en una afirmación de todo aquello que existe y merece ser celebrado. ¡A no perdérsela en pantalla grande, apenas puedan verla!

... Le gamin au vélo (2011)

EL CHICO DE LA BICICLETA, de Jean-Pierre y Luc Dardenne
con Thomas Doret, Cécile de France y Jérémie Renier
[En UGC ciné cité Lille]


Esto que se viene va a ser una catarata de elogios similar a la que despaché con El silencio de Lorna, cuando les presenté a mis queridos Jean-Pierre y Luc. Pero la razón es que, cuando algo es tan afín a uno, se pierde todo registro de objetividad y escritura crítica: ¡Me encantó esta película! Me encantó en sí misma y todo lo que me hizo sentir, de principio a fin.

Vamos primero a un poco de contexto: Durante tiempos de Cannes en tierras francesas, el cine se pone más barato y traen por acá varias de las películas al día siguiente de ser estrenadas en el festival. Asimismo, a la apertura la pasaron en directo en una sala de cine (no pude ir a verla) junto con el film inaugural; y sin embargo, en este clima más que entusiasmante para mí, la nueva de los Dardenne es lo que me alegraba el alma por estos días pasados, sólo un poco menos que después de verla.

 

Razones no me faltan: un guión super sólido como siempre, actuaciones sin defectos, el ritmo Dardenniano un poquito más rápido que de costumbre y ahora más colorido. Parece que, según ellos mismos dicen, se sentían un poco más felices cuando filmaron esta última obra. Tal vez es porque nunca había visto nada suyo en cine, pero la selección de los planos me resultó tan pero tan exquisita, que a veces me dibujaba una sonrisa.
La historia es la de un niño abandonado y su lucha, algo así como el triunfo del espíritu y lo soleado de la vida frente a los desvíos y baches del camino. (En particular, el sol aparece acá más que en ningún otro film de los Dardenne, aceptando de alguna forma la naturaleza optimista de este relato.) El niño, su bicicleta y sus múltiples desventuras son retratados con suma simpleza y ternura, exponiéndose a parecer querer comprar la audiencia con el drama, pero en realidad cargando con mucha claridad sobre los vínculos humanos y sobre todo con mucha dulzura. A esa dulzura la potencian enormemente Thomas Doret, como el niño, y Cécile de France, en el rol de la mujer que se hace cargo de él. Esta última no suele aportar mucho más que carisma en otras de sus películas, pero acá reluce definitivamente gracias a una buena elección para el personaje y sobre todo a la dirección; aún así, el mérito central cae en las manos blancas y regordetas de Doret. Dotado de una expresividad enorme en el rostro y capaz de transmitir el sufrimiento con su caminar empecinado, este niñito está a la altura de los otros descubrimientos de los Dardenne y es el corazón completo de la película.
Quiero aclarar, a un margen, que si bien yo insisto con la participación de Jérémie Renier en el film (y espero que se entienda que es en broma), por perfecta que sea en la historia, la de Jérémie es una aparición casi anecdótica, como las de los igualmente Dardennianos Olivier Gourmet y Morgan Marinne. Sólo un guiño a su público fiel, supongo.

La verdad es que en estos últimos posts ya he reflexionado demasiado sobre la vida y sus complicaciones, así que por mucho que Le gamin au vélo dé para adentrarse en estos temas, solamente me voy a referir al talento de sus realizadores para hacer esta reflexión directamente y sin palabras, para evocar con sus escenas tanta emoción de forma tan sencilla. Porque si hay algo que emociona es eso, constatar que nuestra felicidad es tan simple como un paseo en bicicleta durante una tarde soleada, aunque a veces necesitemos complicarnos intentando sostenerla con palabras.

Aquí el trío de talentos en el Festival: los Dardenne con Duret. No sé cuántas probabilidades hay de que alguno de ellos gane en Cannes, pero lo tendrían más que merecido.

... un pedacito de Cannes


Cannes me queda un poco más cerca este año, pero continúa lejos. Eso no quita que en un rato nomás me voy a ver la recién estrenada en el festival Le gamin au vélo (El chico de la bicicleta), de los Dardenne. Queriéndolos tanto a estos directores y siendo la primera película suya que veo en cine, cómo no compartir acá mi alegría anticipada, antes de irme al encuentro de Jérémie más contenta que chico con bici nueva.

... La nostra vita (2010)

NUESTRA VIDA - de Daniele Luchetti;
con Elio Germano, Raoul Bova e Isabella Ragonese.
[En Cinéma Métropole Lille]
La única idea fuerte que me quedó de La nostra vita es acerca de la igualdad que tenemos todos frente a los golpes que la realidad nos da para llamarnos, o más bien en cuanto a los momentos de comprensión de cómo son las cosas gracias a esos golpes de realidad. Quiero decir, no es que alguien menos reflexivo no entienda por momentos el sentido exacto de estar vivo, tanto o más que alguien dedicado a pensar sobre su existencia. El problema suele estar a veces en procesar eso en algo material, artístico o intelectual, o en simple trabajo sobre sí mismo. Entonces, si bien todos somos exactamente iguales en cuanto a número de comprensiones, no parece alcanzar con el "ver todo desde otro lado" que nos regalan los momentos claves de la vida, porque aquello equivale a una iluminación efímera que a fin de cuentas no transforma. Falta un paso posterior que Nabokov llamaría vdokhnovenie o el segundo tiempo de la inspiración, donde se requiere una atención sostenida para trasladar lo comprendido a cualquier idea o producto (para Nabokov, a una obra literaria) que sobreviva a la fugaz inspiración del entendimiento.
Todo esto viene a que el protagonista de esta película, un trabajador de mente estrecha y comportamiento infantil, se enfrenta de lleno a una nueva realidad luego de morir su mujer y de un evento también significativo en su trabajo. Y un punto fuerte del film es mostrar ese nuevo horizonte, cruel e inexorable, que se le aparece al personaje y lo acosa, lo sacude con dosis de aquello que debe aceptar y comprender.
Más allá de si el protagonista tiene éxito o no en su empresa de superación y vdokhnovenie, me gustó ese detenimiento que hace el director en todo el período post-traumático que éste sufre; sobre todo porque la actuación de Elio Germano es tan impecable como para sostener la película entera. Me gustó que los cambios en el personaje sean sutiles, que frente a las crisis sólo se señale la necesidad de sobrevivir y de ver las cosas de otro modo para lograrlo, sin lecciones morales o lugares comunes. Porque esta necesidad es aplicable a todos, y en mayor o menor medida cada uno tuvo que recurrir a ella alguna vez en su vida, de forma que eso nos hermana en el camino.


Mucho más no tengo para comentar, porque como película la sentí un poco débil, con ciertos huecos y sin cuerpo. Actuaciones convincentes, linda fotografía, pero dirección dudosa. Igualmente, demasiado con todo a lo que La nostra vita da lugar para pensar y sentir viéndola, así que a fin de cuentas la reivindico, porque me dejó un recuerdo potente.

... lo que se viene

El otro día en el cine ví el trailer a continuación, y la verdad tengo muchas ganas de escaparme pronto a ver esta peli italiana:



La nostra vita

Además de pintar un buen dramón, participan en ella Daniele Luchetti y Elio Germano, director y actor respectivamente de la respetable Mi hermano es hijo único. Germano compartió en el Festival de Cannes pasado el premio a mejor actor por este film, con el mucho más publicitado Javier Bardem y su Biutiful. Otro detallito menor es que aquí también actúa Isabella Ragonese, quien me cayó super bien en Tutta la vita davanti (la cual les comenté hace varios meses).
No quedan excusas, entonces, parece: la próxima ida al cine tiene que ser para esta película.

... Never let me go (2010)

NUNCA ME ABANDONES - dirigida por Mark Romanek; 
con Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley.
http://www.imdb.com/title/tt1334260/ 
[En Cinéma Métropole Lille]
Yo sé que el gancho de hace un par de posts atrás fue prometerles los últimos estrenos franceses; pero a decir verdad todavía no me le animo a una película sin subtítulos de ningún tipo, armada yo tan sólo de mis conocimientos de francés (me acuerdo que a veces ni entendía lo que dicen las películas argentinas).
Tal es así que a mi último film francés lo vi en el avión hacia acá, con unos didácticos subtítulos que no impidieron que la suma de nervios, entusiasmo y espanto maravillado por mi mudanza me dejara una sensación toda nubosa alrededor del mismo (a saber: Les petits mouchoirs), del cual les contaré si algún día aclaro los pensamientos de esa noche durante el vuelo.
Pero volviendo al presente, y fiel a mi apología del cine diurno, fui de mediodía a ver (por recomendación de mi hermana, y la reseña va en su honor) la punzante y delicadísima Never let me go, para salir llena de su melancolía al sol de la tarde y cultivarla el día entero.

Se trata de una adaptación de la novela de -también productor del film- Kazuo Ishiguro, y este dato es importante porque su estructura transparenta la de ese tipo de narración, con tres segmentos bien marcados y susceptibles de ser detallados en varios capítulos, sugiriendo un excelente libro de base. En ese sentido, su adaptación al cine no parece haberlo hecho sufrir en casi nada, con una dirección impecabilísima y una fotografía que supongo suple (o tal vez agrega) una atmósfera literaria de melancolía eterna. Dentro de esta misma línea, el film se demora sin problemas en su primera parte (la infancia de los personajes), la cual parece en principio mejor que lo que sigue, pero que luego demuestra su utilidad para realzar la tercera parte y se incorpora con perfección al conjunto.


Antes de analizar un poco las ideas que encierra Never let me go, debo admitir que probablemente fracase en transmitir uno de sus principales méritos: el entrelazado de angustia universal y belleza que borda la vida, y que se plasma en ella desde su inicio hasta el final. Este tono, inmiscuido en la historia con habilidad mágica del director, hace que el argumento sea casi completamente funcional al mismo y que su simpleza ayude a instaurarlo.
Para decir lo que pretendo, voy a tener que revelar casi toda la trama, así que quedan advertidos los que no la vieron.
El relato describe los vínculos entablados por tres jóvenes creados (como muchos otros, en una realidad ficticia) con fines médicos, para donar sus órganos y morir en tal entrega. Esta característica tan determinante en sus vidas es trabajada desde el comienzo de la película de modo tal que al principio nos sacude como cruel, pero en el desenlace se transforma en un detalle menor (como así lo explicita un personaje mediante una aclaración que puede parecer innecesaria pero para mí no lo es, porque sostiene la simplicidad planteada en todo). Y en dicho proceso consiste básicamente el mérito del film: en desnudar la esencia de los períodos de la vida humana (descubrimiento, búsqueda, comprensión), y en mostrar que aquello que se acepta verdaderamente como destino pasa a ser circunstancia y pierde dramatismo o poder sobre la esencia de nuestro paso por este mundo. Aceptado así, el destino ya no es cruz y puede hasta ser cambiado, materialmente o en el sentido de que deja de ser lo que inicialmente creíamos.
Aquí me estoy refiriendo (por si no queda claro) al hecho de que la muerte, impuesta prematuramente a este grupo de personas, finalmente no difiere de la que nos espera a todos, así sepamos o no cuándo y cómo va a ocurrir. Pero además a que los eventos (la muerte, entre ellos), tanto en el pasado como en el futuro, tienen un poderío en el presente que puede ser interpretado de tantas formas como lo permita nuestra voluble capacidad de comprensión.

Otra idea importante, que no me es ajena y que me gustó mucho cómo fue introducida en Never let me go es la del "premio": Muchas veces los entendimientos profundos, logrados a base de renuncias o sufrimiento, o que simplemente nos quitan los placeres de la ignorancia, suelen reclamar en nosotros un reflejo positivo, una ventaja, un premio. En la película, el "entendimiento profundo" viene dado por el vínculo extremadamente íntimo entre dos personajes, que les otorga a ambos una consciencia mayor del sentido de las cosas. Este vínculo les sugiere puerilmente la recompensa de vivir más tiempo que aquel que tienen asignado, en tanto no lo reconocen como recompensa en sí mismo.
Ese último elemento me pareció de un romanticismo tremendamente cruel y real, porque señala que cuando uno se anima a los abismos de este mundo (el otro, el amor, la vida en general), son ellos mismos los que rompen destinos y cambian sentidos, y se constituyen como premio y castigo a la vez. Por eso, nada mejor que este film para transmitir la intensidad que puede tener el amor para trascender vida, muerte o el mismísimo tiempo, y la importancia del momento como eternidad cuando el amor es así de intenso. Como sólo lo puede decir un poeta:

Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.


... y una apología al cine diurno


Ir al cine de día, de vez en cuando y no estando de vacaciones, le viene bien a cualquiera. Intentaré no hacer generalizaciones vanas, pero tengo la impresión de que cuando uno va de noche, de alguna forma está implicando el carácter de "secundario", "hobbie" o "actividad de relajación" que tiene ir a ver la película. Así, al mismo tiempo está consolidando el peso del contexto diario (trabajo, vínculos, lugar donde uno vive), y reafirmando la mentira (que no es mentira) de la ficción. Y no estoy diciendo que todo lo anterior no sea válido en algún sentido, ni que haya que tomarse al cine como una institución (¡todo lo contrario!), sino que puede que en ese caso nos estemos perdiendo una de las herramientas más poderosas del séptimo arte, que es la de poner en suspenso nuestra realidad cotidiana y agarrarnos de la cabeza y soltarnos en otra realidad, desconocida. 
En particular, durante la noche es más fácil para todos crear la suspensión del juicio y del enganche a los elementos familiares de nuestra vida necesaria para introducirnos en la ficción, en parte por el cansancio del día, en parte por el misterio de la noche. Y si bien, como contraparte, durante el día es más difícil abstraerse del entorno y voluntariamente arrancarse de él para meterse en una sala de cine (partiendo desde la imposibilidad material de escaparse de la escuela/trabajo/casa), la recompensa a este esfuerzo es aún mayor*, transformando la experiencia en una visita completa al universo de la película.
El mismo hecho de admitir voluntariamente el deseo de invertir unas horas de nuestro guión cotidiano para entrar en una realidad inventada conforma una mínima negación a la propia (a lo absoluto y estático de lo propio); es admitir que, afortunadamente, nada en el fondo es tan importante ni tan "real" o permanente. Que hay infinitas verdades existiendo simultáneamente y que la individual no tiene que -ni debería- ponerse en un pedestal, porque la sumatoria de circunstancias que sostienen cada día fácilmente desaparece por un rato en la oscuridad (así como descansa por la noche) si uno decide sumergirse en ella, mediante el simple hecho de entrar a esa sala oscura cuando afuera reina el sol.

*Si no, miren qué contentos los brasileros de la foto!

... y una especie de disculpa desde Francia

El escritor es escritor antes de escribir. No se necesita obra literaria para considerarse portador del título porque ser escritor, en mi opinión, es una forma de ver el mundo mediante un grado de abstracción tal que las cosas son lo que son, pero también son elementos de un plano más profundo que el que los presenta.
En ese sentido, con un poco más de rigurosidad podríamos discriminar que no todo aquél consciente de los planos subyacentes a la “realidad” “cotidiana” (y si sigo así todo podría tener comillas) es escritor. Todos ellos lo que verdaderamente son –y no es poco- es personas reales, conscientes del sueño en el que habitan. Los escritores, y he aquí lo que los distingue, son aquellos que además de esa consciencia (y por alguna maldición tal vez traída de otra vida), se encuentran poseídos por el deber ineludible de dejar sentado para la eternidad lo que subyace al símbolo y sentir de cada día.
Estos días he sentido ese deber más fuerte que nunca. (Estos días me he sentido más escritora que nunca.) Pero no he visto películas y solamente he descubierto guiones por detrás de los personajes nuevos que voy conociendo en este viejo continente, dentro de este país cinematográfico. No fui al cine pero intuí magia, efectos especiales y fotografía esplendorosa en todos los paisajes que he visto y que jamás había imaginado. Me he sentido protagonista en un primer plano, pero también espectadora en una sala oscura; y es a causa de esa situación tan ideal para un escritor que, si hay algo que realmente quisiera, es ser capaz de hacerles una reseña fiel y fantástica de todo lo que “hoy vi”… Una reseña articulada, reflexiva y simpática, y al mismo tiempo honesta. Pero esto fue todo lo que me salió.


Nota al lector entendido: A pesar de una búsqueda tan rigurosa como infructuosa, aún NO me he encontrado con Louis Garrel. Continuaré los reportes al respecto.

Reajuste


Aviso a los lectores:

Hoy vi... se mudó de continente y por eso ha sufrido algunos reajustes que han puesto en pausa el reporte frecuente de pelis. Sepan disculparme, y les prometo que si esto sigue, cuando siga, se viene con el mejor cine francés desde sus mismísimas tierras!

... The ghost writer (2010)

EL ESCRITOR OCULTO
de Roman Polanski; con Ewan McGregor y Pierce Brosnan.
http://www.imdb.com/title/tt1139328/
[Alquilada en dvd]
The ghost writer me gustó muchísimo. Está sumamente bien hecha, y su desarrollo está tan bien calculado, que incluso nos da el tiempo necesario para apreciarla, en su clima, fotografía y sus planos muy cuidados y pensados.
En particular se destaca un guión sólido de principio a fin, hecho para atrapar hasta al más distraído: Un escritor "fantasma" (aquellos contratados para realizar los libros de celebridades que luego firman generalmente sus biografías, u otros ensayos) es ingresado al entorno de un ex primer ministro que pretende escribir sus memorias, sólo para encerrarse cada vez más en su atmósfera oscura, inhóspita y poblada de intrigas. El resto lo dejo para que lo experimenten al verla, siguiendo las desventuras del "fantasma", interpretado por Ewan McGregor.
Y sobre este último me detengo un minuto:
En sus principios, para mí Ewan McGregor era fantástico. Me acuerdo de haberlo visto por primera vez en la hermosísima Tocando el viento y de ahí en más seguirlo por Moulin Rouge, hasta El gran pez, donde ya no esperaba mucho de él, pero la película lo terminó salvando. En adelante (tal vez desde antes, también) se dedicó a hacer cualquier variedad de cosas, poniendo la misma cara y sin destacarse jamás. Dejó de ser garantía de algo y pasó a ser un actor del montón, al menos bajo mi criterio. En The ghost writer, si bien reitera su actuación por defecto, lo valioso es que integra un par de expresiones simpáticas que le agregan realidad a su personaje y permiten identificarnos con él, de modo que el ingreso al mundillo de la política por parte del escritor sea paralelo al del espectador. Y esto yo creo que es mérito de la dirección (un saludo a Roman), porque sin la inclusión planeada de esos detalles, gestos o comentarios que generan empatía instantánea con el "fantasma", el entorno misterioso que va desenrollando la trama con nosotros adentro no nos encerraría como lo hace.*
Si sumamos entonces al guión excelente y las actuaciones respetables -no sólo de McGregor sino también y sobre todo de Olivia Williams-, una magnífica dirección de Polanski, se obtiene este producto impecable. Pero ahí me detengo con los halagos que pueden perjudicarla o crearles a ustedes mayores expectativas; baste decir que The ghost writer constituye una experiencia imperdible, y un respetable ejemplar del cine de suspenso contemporáneo.


*En referencia al entorno hostil circundante al "fantasma", en el blog del cual tomé prestada esta última foto encontré un inventario gracioso de la prolijidad con que el director se encarga de plasmar el rechazo del medio a nuestro protagonista, empleando cada personaje secundario, situación, y hasta carteles u otros elementos;  rechazo a través del cual nos induce a identificarnos unívocamente con él. Visítenlo

... Love and other drugs (2010)

DE AMOR Y OTRAS ADICCIONES
de Edward Zwick; con Anne Hathaway y Jake Gyllenhaal.
[En Cinemacenter San Luis]
Como me pasa a veces con los reclamos a personas nulas, me suelo plantear si vale la pena discutir o exponer mis argumentos sobre por qué no me gusta una película. Muchas veces es más fácil olvidarla y pasar a la siguiente, siendo tanto más placentero detenerme a contar las bondades de un film excelente o al menos debatible.
Pero teniendo en cuenta que muchas posturas se pueden definir a partir de lo que NO nos gusta o de aquello con lo que NO acordamos, creo que -en la medida de lo posible- hacer el esfuerzo por criticar lo desagradable construye un lugar más firme desde el cual finalmente nos gusta lo que nos gusta o acordamos con lo que creemos verdadero.
Es así que voy a señalar algunos puntos por los que Love and other drugs me pareció despreciable:
1. Una mezcla grosera de géneros (drama, comedia, romance) sin dirección fija ni base concreta. El resultado: cero drama, para nada graciosa, ningún enganche con la pareja protagonista.
2. Personajes traídos de los pelos: personas cínicas que con un sólo diálogo pasan a ser extremadamente humanas y entregadas, conflictos familiares metidos a la fuerza, personajes secundarios ridículos; en fin, caracteres no creíbles.
3. La inclusión de una enfermedad grave sólo para usarla cuando necesaria, pero omisible cuando el guión lo requiere.
4. El tratamiento de las parejas y la sexualidad a lo comercial (la gente se "consigue" y las relaciones sexuales parecen una especie de trámite apurado, todo encerrado en un aura supercanchera), acompañado de una transición a un romanticisimo trágico exageradísimo, creando dos planos en los cuales pocas personas verdaderas se manejan.
5. La triste utilización de los desnudos: generalmente, cuando en una película europea se usan desnudos, los actores emplean tal naturalidad que uno de hecho siente estar asistiendo a una escena íntima; aquí, el actor está tan incómodo y consciente de lo que hace, que la escena pierde importancia y se disocia de la película, reduciéndose a "esa parte donde tal actor sale desnudo".
6. El paupérrimo intento de hacer una crítica al sistema de salud y las drogas (médicas), que sólo se termina tratando (y utilizando) a nivel cool pero sin profundizar en el tema. 
7. Jake Gyllenhaal y su actuación exagerada (¿por qué hace esos gestos con la cara?). A la Hathaway no la critico, pero en esta película no la puedo rescatar.


Por todo esto, y porque me dejó una fea sensación, es que no me gustó Love and other drugs, y (por más educativo que sea ver bofes) preferiría no haberla visto.

... Winter's bone (2010)

LAZOS DE SANGRE
de Debra Granik; con Jennifer Lawrence.
[En Cinema La Plata]
Aunque es una comparación grosera (o simplista), con esta película se me vino a la mente la genial genial Rosetta, de los Dardenne, en el sentido de la imagen de una jovencita ruda, poseedora de tanta belleza como sufrimiento, en un entorno hostil, áspero y frío.
En los dos casos las historias de tensión son sostenidas por actuaciones muy convincentes, de Émilie Dequenne, como Rosetta, y de la que hablamos hoy, Jennifer Lawrence, en una interpretación cautivante que aunque no se aleja mucho de lo que hizo en The burning plain, tiene más poderío y está mejor dirigida por la desconocida y promisoria Debra Granik. Dejando atrás mi superficial comparación con el film de los Dardenne, que es magistral, Winter's bone es igualmente una buena película.


El planteo del film consiste en seguir las desventuras de la protagonista en busca de su padre, y en busca de mantener a su familia (aparece allí una actuación muy buena de John Hawkes como su tío). En varios momentos la cuestión suena como algo ya visto, pero a pesar de ésto la película sale airosa al mantenerse siempre con un mismo tono, siendo rigurosa en el nivel de dramatismo y crudeza simple de la narración.
Recomiendo verla, sobre todo porque es parte de ese cine yanqui independiente que, a diferencia del otro, es más comprensible como arte y más accesible en su discurso para nosotros, al menos para mí. Además, Winter's bone crece en el recuerdo, y ahora que lo pienso, la vería de nuevo.

... Familia rodante (2004)

FAMILIA RODANTE
de Pablo Trapero; con Graciana Chironi y Bernardo Forteza.
http://www.imdb.com/title/tt0359254/
[Alquilada en dvd]
He ido viendo las películas de Trapero en desorden cronológico, y siempre encontrándome con una nueva sorpresa en cuanto a las múltiples variaciones que es capaz de hacerle a su cine humano, tan rico visualmente, y comprometido. Familia rodante, en particular, fue un placer de descubrir como muestra de las capacidades de un buen realizador cinematográfico. Trapero toma aquí una familia en viaje, y sin necesitar más que de su talento como director, la filma en sus múltiples rincones, intimidad y entramado de vínculos, con un pintoresco resultado.
En esta película se combinan paisajes y música argentinos de forma hermosa aunque tosca, más realista que muchas otras, y sin falsos costumbrismos. Y ése es su mérito mayor, porque el simple retrato de este grupo de invidividuos amontonados y en movimiento resulta en una honesta y simpática descripción, sin discurso más que el que emana de la misma ficción (ficción más creíble todavía gracias a un elenco de excelentes y mayormente desconocidos actores). Esto no quita que existan planteos sutiles de fondo, rondando el concepto de familia, acerca de las diferencias entre la vida en la capital y el interior (en Nacido y criado tambien hay una ida al interior que igualmente recrudece los conflictos) y sobre los vínculos en general, gracias a los caracteres bien armados de cada personaje.
Pseudo-documental, comedia, homenaje al país y road movie, drama familiar o film experimental, todo sirve para describir esta película no genial, con una propuesta simple, pero impulsada por mero talento.

... The girl who kicked the hornet's nest (2009)

LA REINA EN EL PALACIO DE LAS CORRIENTES DE AIRE
de Daniel Alfredson; con Michael Nyqvist y Noomi Rapace.
A modo de cierre de los comentarios sobre Millennium, hago la (prometida) reseña más corta de todas:
La parte final* de esta trilogía levanta lo pesado de la segunda y construye un buen suspenso a partir de la recuperación de nuestra protagonista en el hospital; asimismo con el armado del juicio que se encarga de cerrar todo (todo) perfectamente en el desenlace. El personaje de Rapace termina así de construir su mito, dejándonos una Salander inolvidable, y el recuerdo de una historia concluida.
Tengo que asumir que la segunda y tercera película no llegan en ningún momento a la altura de la primera; aún así vale repetir que las tres Millennium son super recomendables como conjunto, por su originalidad en el estilo, pero sobre todo por ser buenos ejemplares del castigado género de los thriller.

*con el nombre más extraño de los tres: Luftslottet som sprängdes (algo así como "El castillo de aire que soplaba" según Google).

... My French film festival

Esta es una iniciativa super original de hacer un "festival de cine" francés en la red, abierto a cualquiera y gratis, para ver películas (hay varias bastante atractivas) y votar por ellas. No sé cómo resultará, pero por lo menos, el trailer es gracioso:



Subtítulos caseros:
"Somos malísimos en el fútbol, somos snobs, hablamos inglés con un acento espantoso, nos gusta el queso que huele mal... pero tenemos el primer festival online mundial".

... Hereafter (2010)

MÁS ALLA DE LA VIDA
de Clint Eastwood; con Cécile de France y Matt Damon.
http://www.imdb.com/title/tt1212419/
[En Box Cinemas João Pessoa]
Desde que leí que ésta no parecía una película de Clint Eastwood me preparé para encontrar realmente cualquier cosa en Hereafter, o sea, estaba con la mejor actitud para ir a ver una peli, y además bastante entusiasmada porque no soy muy fan de Clint.
Con lo que me encontré fue una especie de cuento de hadas contemporáneo y pseudomístico (mucho énfasis en lo de "pseudo"); una fábula con poca cohesión, sin moraleja, pero con final feliz. Y con todo lo mal que suena esto, no puedo decir que no me gustó. Ahora les explico los detalles:


Hereafter se encarga de tratar el tema de la muerte desde una perspectiva completamente simplista, occidental y desde lejos, pero eso no altera para nada su calidad como película. Aceptando que ése es el alcance que se le da al asunto, uno puede pasar a las tres historias que narra paralelamente, con total entrega.
Las tres historias que coquetean con la muerte -las de un hombre, una mujer y un niño-, y el modo de retratarlas podrían darle un aire Iñárritu a Eastwood (una suavísima brisa), pero el norteamericano le da vuelta completamente a la cuestión 21 gramos cuando se encarga, hacia el final, de resolvernos todo. (Y a lo largo de toda la película, también, con el tono delicado, la música amable y un poco de frialdad.)
-Atención que ahora se vienen comentarios sobre el desenlace, que pueden molestar a los que no la vieron-
Es decir, en una decisión completamente voluntaria y respetando el homenaje a Dickens que se hace en la película (explícitamente, con el personaje de Damon, y un poquito menos en el personaje Dickensiano del niño), los realizadores deciden encajar cada pieza del rompecabezas de modo que las cosas se equilibren, que la paz al final sea encontrada, y que la historia termine del modo que sólo les parece terminada a ellos, o sea feliz. Y esto no es una crítica a esa decisión, me parece completamente válida e incluso me gustó, emocionalmente y como consecuencia lógica del tono en que se tratan todas las cosas a lo largo del film.
Es que en realidad no hay nada particular que le pueda criticar a esta película, lo que no significa que me haya gustado ni lo contrario. Está en un término medio que roza la indiferencia, pero que la hace recomendable al que no la vio (es decir, vayan a verla). En pocas palabras, tiene un buen impacto estético,  primero "gusta", y luego resulta olvidable.

... The girl who played with fire (2009)

LA CHICA QUE SOÑABA CON UN FÓSFORO Y UN BIDÓN DE GASOLINA* 
de Daniel Alfredson; con Michael Nyqvist y Noomi Rapace. 
http://www.imdb.com/title/tt1216487/ 
[Alquilada en dvd]
* Título original en sueco: Flickan som lekte med elden, cuya traducción más fiel es ahora la del título en inglés: The girl who played with fire.
  
La cuestión con esta segunda parte de Millennium es sin duda que pierde en comparación con la primera (Los hombres que no amaban a las mujeres). Tal vez aquí se indaga un poco más en los personajes, pero no se agrega ningún elemento nuevo que compita con todos aquellos presentados en la primera película, que en su mayoría aquí se repiten sin mucho brillo, y algunos están ausentes.
El principal ausente, o presente pero desgastado, es el caso policial: En Los hombres..., el contrapunto ideal a ese estilo contemporáneo de la revista Millennium y su líder Blomkvist, sumado a los aires cibernético y reventado del personaje Lisbeth Salander, lo conforma un caso de desaparición y misterio clásico a lo Agatha Christie. Es en este contraste que el primer film encuentra una zona gris nueva y propia, llena de un suspenso oscuro, gótico y atemporal, donde conviven hackers con patriarcas de familias conservadoras, la investigación de escuela Poirot con la tecnología actual, y problemáticas de este siglo con aquellas del siglo pasado. Y es mi opinión que dicho espacio hace de Los hombres... una película original, entretenida, que no nos recuerda a nada ya visto y nos sumerge desde el comienzo en ese universo gris que fabrica.
Cuando en La chica que soñaba con un fósforo y un bidón de gasolina el foco se desplaza por completo a la cuestión presente y se elimina el elemento "clásico", la acción policial remite entonces a muchos otros filmes conocidos, y la trama se va llevando en forma pesada, haciéndonos perder interés. Supongo que el hecho de que aquí la problemática ronde más de cerca a nuestros protagonistas (en cuanto ellos son ahora no sólo investigadores sino también participantes-víctimas del caso en cuestión) debería sumar atractivo, por ser tales protagonistas tan originales y llamativos como lo son Blomkvist y especialmente Salander. Sin embargo, y tal vez porque esperaba eso mismo, ocurrió para mí lo contrario y me encontré viendo La chica... con mitad del entusiasmo con que descubrí Los hombres.... Puede también atribuírsele esto al cambio de director: Mientras que tenemos a Niels Arden Oplev para la primera parte de Millennium, en la segunda y la tercera dirige Daniel Alfredson. Sin embargo, no tratándose de cine de autor esa idea me suena un poco exagerada, sobre todo porque acabo de ver la tercera parte y me ha gustado bastante.

 
Para que no quede como que no es ésta una película digna de ser vista, reitero el halago a sus actores principales que hice en Los hombres..., acepto que es un producto bien hecho en su totalidad (con algunas exageraciones en el guión, pero vienen del libro, supongo); y nos recuerdo a todos la escasez de thrillers a la altura de éste, en el cine de nuestro tiempo.

... The girl with the dragon tattoo (2009)

LOS HOMBRES QUE NO AMABAN A LAS MUJERES
de Niels Arden Oplev; con Michael Nyqvist y Noomi Rapace.
Hay una maestría en dirigir películas que es difícil de abstraer para un público no experto en materia de planos, secuencias, o todo lo que sea la puesta en escena de lo que inicialmente es sólo un guión. Mucho más si se trata de representar novelas, donde hay primordialmente una estructura y un estilo que se desenvuelven literariamente, y que no están basados en tiempos cinematográficos. En ese caso particular, como audiencia no educada formalmente en cine, resulta casi milagrosa la creación de un ritmo nuevo en el relato (logrado en primer lugar con la adaptación del guión) que resulte tan efectivo como el original, la introducción de planos que impacten estéticamente recreando el sentido de un paso en la narración, elegir qué información necesita o no el espectador, y, en fin, todas esas decisiones que hacen del director alguien talentoso o no, no sólo en adaptaciones de libros.
Esto es algo logrado con creces por el director de The girl with the dragon tattoo, conocida por estos lados como Los hombres que no amaban a las mujeres (al parecer la traducción fiel a su título original sueco Män som hatar kvinnor), la cual resultó del traslado al formato cine de la novela con el mismo título. Este film constituye la primera parte de la trilogía Millennium (en libro y en película), y alcanza con solidez ese estatus de "buena película", tan complicado de atribuirse a un motivo en particular, y tan fácil de ser reconocido por el público.


Los hombres... es un thriller con todas las letras, porque su principal objetivo es captar la atención del espectador con suspenso, con una historia inteligente, con personajes cautivantes y los tres pasos del relato ejecutados a la perfección (introducción, nudo y desenlace). No hace falta mucho análisis para disfrutarla, y quienes estén apuntando al trasfondo dramático-emocional, o a algún otro aspecto por debajo de su excelente ritmo narrativo, pueden salir defraudados. La película es -insisto- un thriller, de los buenos, pero sólo eso. No hay una búsqueda más allá por parte de sus creadores, y eso hace que cierre completamente, porque no hay otras pretensiones que puedan arruinar un producto con premisas claras.
Cerrando el comentario, no les hago sinopsis del argumento porque he ahí la mejor destrozadora de thrillers, pero destaco las intensas e increíbles interpretaciones de sus actores principales (Michael Nyqvist, y la ya abrazada por Hollywood Noomi Rapace), una de las claves de la película, y uno de los motivos por los que creo que su remake yanqui (a ser lanzada este año) va a fracasar.


Nota aparte: No quise ahondar en los libros Millennium, que no tuve oportunidad de leer, pero vale destacar a su autor, Stieg Larsson, con una vida apasionante, y con ideas que se deslizan en su obra y que por momentos lo entrelazan con el personaje de Nyqvist.

Nota 2: ¡POST Nº 100!