... y una especie de disculpa desde Francia

El escritor es escritor antes de escribir. No se necesita obra literaria para considerarse portador del título porque ser escritor, en mi opinión, es una forma de ver el mundo mediante un grado de abstracción tal que las cosas son lo que son, pero también son elementos de un plano más profundo que el que los presenta.
En ese sentido, con un poco más de rigurosidad podríamos discriminar que no todo aquél consciente de los planos subyacentes a la “realidad” “cotidiana” (y si sigo así todo podría tener comillas) es escritor. Todos ellos lo que verdaderamente son –y no es poco- es personas reales, conscientes del sueño en el que habitan. Los escritores, y he aquí lo que los distingue, son aquellos que además de esa consciencia (y por alguna maldición tal vez traída de otra vida), se encuentran poseídos por el deber ineludible de dejar sentado para la eternidad lo que subyace al símbolo y sentir de cada día.
Estos días he sentido ese deber más fuerte que nunca. (Estos días me he sentido más escritora que nunca.) Pero no he visto películas y solamente he descubierto guiones por detrás de los personajes nuevos que voy conociendo en este viejo continente, dentro de este país cinematográfico. No fui al cine pero intuí magia, efectos especiales y fotografía esplendorosa en todos los paisajes que he visto y que jamás había imaginado. Me he sentido protagonista en un primer plano, pero también espectadora en una sala oscura; y es a causa de esa situación tan ideal para un escritor que, si hay algo que realmente quisiera, es ser capaz de hacerles una reseña fiel y fantástica de todo lo que “hoy vi”… Una reseña articulada, reflexiva y simpática, y al mismo tiempo honesta. Pero esto fue todo lo que me salió.


Nota al lector entendido: A pesar de una búsqueda tan rigurosa como infructuosa, aún NO me he encontrado con Louis Garrel. Continuaré los reportes al respecto.

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