... La nostra vita (2010)

NUESTRA VIDA - de Daniele Luchetti;
con Elio Germano, Raoul Bova e Isabella Ragonese.
[En Cinéma Métropole Lille]
La única idea fuerte que me quedó de La nostra vita es acerca de la igualdad que tenemos todos frente a los golpes que la realidad nos da para llamarnos, o más bien en cuanto a los momentos de comprensión de cómo son las cosas gracias a esos golpes de realidad. Quiero decir, no es que alguien menos reflexivo no entienda por momentos el sentido exacto de estar vivo, tanto o más que alguien dedicado a pensar sobre su existencia. El problema suele estar a veces en procesar eso en algo material, artístico o intelectual, o en simple trabajo sobre sí mismo. Entonces, si bien todos somos exactamente iguales en cuanto a número de comprensiones, no parece alcanzar con el "ver todo desde otro lado" que nos regalan los momentos claves de la vida, porque aquello equivale a una iluminación efímera que a fin de cuentas no transforma. Falta un paso posterior que Nabokov llamaría vdokhnovenie o el segundo tiempo de la inspiración, donde se requiere una atención sostenida para trasladar lo comprendido a cualquier idea o producto (para Nabokov, a una obra literaria) que sobreviva a la fugaz inspiración del entendimiento.
Todo esto viene a que el protagonista de esta película, un trabajador de mente estrecha y comportamiento infantil, se enfrenta de lleno a una nueva realidad luego de morir su mujer y de un evento también significativo en su trabajo. Y un punto fuerte del film es mostrar ese nuevo horizonte, cruel e inexorable, que se le aparece al personaje y lo acosa, lo sacude con dosis de aquello que debe aceptar y comprender.
Más allá de si el protagonista tiene éxito o no en su empresa de superación y vdokhnovenie, me gustó ese detenimiento que hace el director en todo el período post-traumático que éste sufre; sobre todo porque la actuación de Elio Germano es tan impecable como para sostener la película entera. Me gustó que los cambios en el personaje sean sutiles, que frente a las crisis sólo se señale la necesidad de sobrevivir y de ver las cosas de otro modo para lograrlo, sin lecciones morales o lugares comunes. Porque esta necesidad es aplicable a todos, y en mayor o menor medida cada uno tuvo que recurrir a ella alguna vez en su vida, de forma que eso nos hermana en el camino.


Mucho más no tengo para comentar, porque como película la sentí un poco débil, con ciertos huecos y sin cuerpo. Actuaciones convincentes, linda fotografía, pero dirección dudosa. Igualmente, demasiado con todo a lo que La nostra vita da lugar para pensar y sentir viéndola, así que a fin de cuentas la reivindico, porque me dejó un recuerdo potente.

... lo que se viene

El otro día en el cine ví el trailer a continuación, y la verdad tengo muchas ganas de escaparme pronto a ver esta peli italiana:



La nostra vita

Además de pintar un buen dramón, participan en ella Daniele Luchetti y Elio Germano, director y actor respectivamente de la respetable Mi hermano es hijo único. Germano compartió en el Festival de Cannes pasado el premio a mejor actor por este film, con el mucho más publicitado Javier Bardem y su Biutiful. Otro detallito menor es que aquí también actúa Isabella Ragonese, quien me cayó super bien en Tutta la vita davanti (la cual les comenté hace varios meses).
No quedan excusas, entonces, parece: la próxima ida al cine tiene que ser para esta película.

... Never let me go (2010)

NUNCA ME ABANDONES - dirigida por Mark Romanek; 
con Carey Mulligan, Andrew Garfield y Keira Knightley.
http://www.imdb.com/title/tt1334260/ 
[En Cinéma Métropole Lille]
Yo sé que el gancho de hace un par de posts atrás fue prometerles los últimos estrenos franceses; pero a decir verdad todavía no me le animo a una película sin subtítulos de ningún tipo, armada yo tan sólo de mis conocimientos de francés (me acuerdo que a veces ni entendía lo que dicen las películas argentinas).
Tal es así que a mi último film francés lo vi en el avión hacia acá, con unos didácticos subtítulos que no impidieron que la suma de nervios, entusiasmo y espanto maravillado por mi mudanza me dejara una sensación toda nubosa alrededor del mismo (a saber: Les petits mouchoirs), del cual les contaré si algún día aclaro los pensamientos de esa noche durante el vuelo.
Pero volviendo al presente, y fiel a mi apología del cine diurno, fui de mediodía a ver (por recomendación de mi hermana, y la reseña va en su honor) la punzante y delicadísima Never let me go, para salir llena de su melancolía al sol de la tarde y cultivarla el día entero.

Se trata de una adaptación de la novela de -también productor del film- Kazuo Ishiguro, y este dato es importante porque su estructura transparenta la de ese tipo de narración, con tres segmentos bien marcados y susceptibles de ser detallados en varios capítulos, sugiriendo un excelente libro de base. En ese sentido, su adaptación al cine no parece haberlo hecho sufrir en casi nada, con una dirección impecabilísima y una fotografía que supongo suple (o tal vez agrega) una atmósfera literaria de melancolía eterna. Dentro de esta misma línea, el film se demora sin problemas en su primera parte (la infancia de los personajes), la cual parece en principio mejor que lo que sigue, pero que luego demuestra su utilidad para realzar la tercera parte y se incorpora con perfección al conjunto.


Antes de analizar un poco las ideas que encierra Never let me go, debo admitir que probablemente fracase en transmitir uno de sus principales méritos: el entrelazado de angustia universal y belleza que borda la vida, y que se plasma en ella desde su inicio hasta el final. Este tono, inmiscuido en la historia con habilidad mágica del director, hace que el argumento sea casi completamente funcional al mismo y que su simpleza ayude a instaurarlo.
Para decir lo que pretendo, voy a tener que revelar casi toda la trama, así que quedan advertidos los que no la vieron.
El relato describe los vínculos entablados por tres jóvenes creados (como muchos otros, en una realidad ficticia) con fines médicos, para donar sus órganos y morir en tal entrega. Esta característica tan determinante en sus vidas es trabajada desde el comienzo de la película de modo tal que al principio nos sacude como cruel, pero en el desenlace se transforma en un detalle menor (como así lo explicita un personaje mediante una aclaración que puede parecer innecesaria pero para mí no lo es, porque sostiene la simplicidad planteada en todo). Y en dicho proceso consiste básicamente el mérito del film: en desnudar la esencia de los períodos de la vida humana (descubrimiento, búsqueda, comprensión), y en mostrar que aquello que se acepta verdaderamente como destino pasa a ser circunstancia y pierde dramatismo o poder sobre la esencia de nuestro paso por este mundo. Aceptado así, el destino ya no es cruz y puede hasta ser cambiado, materialmente o en el sentido de que deja de ser lo que inicialmente creíamos.
Aquí me estoy refiriendo (por si no queda claro) al hecho de que la muerte, impuesta prematuramente a este grupo de personas, finalmente no difiere de la que nos espera a todos, así sepamos o no cuándo y cómo va a ocurrir. Pero además a que los eventos (la muerte, entre ellos), tanto en el pasado como en el futuro, tienen un poderío en el presente que puede ser interpretado de tantas formas como lo permita nuestra voluble capacidad de comprensión.

Otra idea importante, que no me es ajena y que me gustó mucho cómo fue introducida en Never let me go es la del "premio": Muchas veces los entendimientos profundos, logrados a base de renuncias o sufrimiento, o que simplemente nos quitan los placeres de la ignorancia, suelen reclamar en nosotros un reflejo positivo, una ventaja, un premio. En la película, el "entendimiento profundo" viene dado por el vínculo extremadamente íntimo entre dos personajes, que les otorga a ambos una consciencia mayor del sentido de las cosas. Este vínculo les sugiere puerilmente la recompensa de vivir más tiempo que aquel que tienen asignado, en tanto no lo reconocen como recompensa en sí mismo.
Ese último elemento me pareció de un romanticismo tremendamente cruel y real, porque señala que cuando uno se anima a los abismos de este mundo (el otro, el amor, la vida en general), son ellos mismos los que rompen destinos y cambian sentidos, y se constituyen como premio y castigo a la vez. Por eso, nada mejor que este film para transmitir la intensidad que puede tener el amor para trascender vida, muerte o el mismísimo tiempo, y la importancia del momento como eternidad cuando el amor es así de intenso. Como sólo lo puede decir un poeta:

Que não seja imortal, posto que é chama
Mas que seja infinito enquanto dure.


... y una apología al cine diurno


Ir al cine de día, de vez en cuando y no estando de vacaciones, le viene bien a cualquiera. Intentaré no hacer generalizaciones vanas, pero tengo la impresión de que cuando uno va de noche, de alguna forma está implicando el carácter de "secundario", "hobbie" o "actividad de relajación" que tiene ir a ver la película. Así, al mismo tiempo está consolidando el peso del contexto diario (trabajo, vínculos, lugar donde uno vive), y reafirmando la mentira (que no es mentira) de la ficción. Y no estoy diciendo que todo lo anterior no sea válido en algún sentido, ni que haya que tomarse al cine como una institución (¡todo lo contrario!), sino que puede que en ese caso nos estemos perdiendo una de las herramientas más poderosas del séptimo arte, que es la de poner en suspenso nuestra realidad cotidiana y agarrarnos de la cabeza y soltarnos en otra realidad, desconocida. 
En particular, durante la noche es más fácil para todos crear la suspensión del juicio y del enganche a los elementos familiares de nuestra vida necesaria para introducirnos en la ficción, en parte por el cansancio del día, en parte por el misterio de la noche. Y si bien, como contraparte, durante el día es más difícil abstraerse del entorno y voluntariamente arrancarse de él para meterse en una sala de cine (partiendo desde la imposibilidad material de escaparse de la escuela/trabajo/casa), la recompensa a este esfuerzo es aún mayor*, transformando la experiencia en una visita completa al universo de la película.
El mismo hecho de admitir voluntariamente el deseo de invertir unas horas de nuestro guión cotidiano para entrar en una realidad inventada conforma una mínima negación a la propia (a lo absoluto y estático de lo propio); es admitir que, afortunadamente, nada en el fondo es tan importante ni tan "real" o permanente. Que hay infinitas verdades existiendo simultáneamente y que la individual no tiene que -ni debería- ponerse en un pedestal, porque la sumatoria de circunstancias que sostienen cada día fácilmente desaparece por un rato en la oscuridad (así como descansa por la noche) si uno decide sumergirse en ella, mediante el simple hecho de entrar a esa sala oscura cuando afuera reina el sol.

*Si no, miren qué contentos los brasileros de la foto!