... y una apología al cine diurno


Ir al cine de día, de vez en cuando y no estando de vacaciones, le viene bien a cualquiera. Intentaré no hacer generalizaciones vanas, pero tengo la impresión de que cuando uno va de noche, de alguna forma está implicando el carácter de "secundario", "hobbie" o "actividad de relajación" que tiene ir a ver la película. Así, al mismo tiempo está consolidando el peso del contexto diario (trabajo, vínculos, lugar donde uno vive), y reafirmando la mentira (que no es mentira) de la ficción. Y no estoy diciendo que todo lo anterior no sea válido en algún sentido, ni que haya que tomarse al cine como una institución (¡todo lo contrario!), sino que puede que en ese caso nos estemos perdiendo una de las herramientas más poderosas del séptimo arte, que es la de poner en suspenso nuestra realidad cotidiana y agarrarnos de la cabeza y soltarnos en otra realidad, desconocida. 
En particular, durante la noche es más fácil para todos crear la suspensión del juicio y del enganche a los elementos familiares de nuestra vida necesaria para introducirnos en la ficción, en parte por el cansancio del día, en parte por el misterio de la noche. Y si bien, como contraparte, durante el día es más difícil abstraerse del entorno y voluntariamente arrancarse de él para meterse en una sala de cine (partiendo desde la imposibilidad material de escaparse de la escuela/trabajo/casa), la recompensa a este esfuerzo es aún mayor*, transformando la experiencia en una visita completa al universo de la película.
El mismo hecho de admitir voluntariamente el deseo de invertir unas horas de nuestro guión cotidiano para entrar en una realidad inventada conforma una mínima negación a la propia (a lo absoluto y estático de lo propio); es admitir que, afortunadamente, nada en el fondo es tan importante ni tan "real" o permanente. Que hay infinitas verdades existiendo simultáneamente y que la individual no tiene que -ni debería- ponerse en un pedestal, porque la sumatoria de circunstancias que sostienen cada día fácilmente desaparece por un rato en la oscuridad (así como descansa por la noche) si uno decide sumergirse en ella, mediante el simple hecho de entrar a esa sala oscura cuando afuera reina el sol.

*Si no, miren qué contentos los brasileros de la foto!

9 comentarios:

  1. Tres aclaraciones pertinentes, o tal vez no tanto:

    1. Todo esto no se aplica a los críticos de cine. Con ellos no sé cómo funciona la cosa.

    2. Tampoco se aplica a alguien completamente al vicio, porque en ese caso las películas y otros "elementos de placer" (!) probablemente son parte de su realidad cotidiana y dejan de ser ventana al exterior.

    3. Todo esto vale igualmente para un buen libro.

    3 y 1/2. En este caso, el libro puede ser leído (y se recomienda) con iluminación, no necesariamente en una sala oscura.

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  2. 3 y 1/2 bis. De ser indispensable la sala oscura para el transporte a otra realidad, se recomienda el uso de linternas para efectivamente leer el libro y no, en cambio, dormir frente a él, lo que a su vez constituye otro acceso a nuevas realidades, pero a eso lo dejamos la próxima.

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  3. Interesante, sobre todo con las dos aclaraciones que haces en los comentarios.
    Creo que ir al cine de día puede mostrarnos que tenemos la suficiente movilidad como para "postergarnos" un rato y como bien decís, ser conscientes de que "todo es ficción".

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  4. Totalmente de acuerdo :) Vale la pena ver los cortometrajes "A cada uno su cine [Chacun son cinéma]", que se hicieron para el 60 aniversario del Festival de Cannes: transmiten justamente esa fascinación que genera el cine, como puerta de entrada a otras realidades que relativizan un poco (por un rato, al menos) nuestra tan sobrestimada vida cotidiana. Muy lindos los últimos posts desde Francia, se ve que estás inspirada! Un beso grande, y espero ansiosa la critica prometida, eh?

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  5. Gracias a las dos!
    La foto, para el que no lo sabe, es justamente de "Chacun son cinéma", casi segura que del corto de Walter Salles.

    Me alegro que coincidan conmigo en lo lindo de hacerse un tiempito de día para ir al cine, como tengo planeado hacer pronto!

    p.d: prometo la crítica prometida

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  6. No sé nada de la peli, pero qué buena tu reflexión.
    Saludos desde LCH.
    Monique

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  7. Me alegro que te haya gustado.
    Y, ¿qué película fuiste a ver de día? Yo en pocos minutos les cuento sobre la mía...

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  8. me gustó el cine desde siempre, desde que tuve "uso de razón", a la sazón cuatro años maso (si aunque parezca prematuro el uso aludido) entonces me llevó mi mamá (en este momento soy ese chiquito)recuerdo la peli a un tipo corriendo entre malezas con un arma en la mano tratando de salvarse (quien sabe de que), bueno quede medio "shockeado" parece, porque esa noche, refiere mi mamá, no pude dormir bien, daba vueltas en la cama. Desde entonces no dejé de ir al cine, todo el tiempo, cuando podía, juntaba monedas, en fin (para shockearme, para la aventura, ...). Sentía, desde ese mundo primero, que la vida era enorme y fantástica, el cine entonces fue y sigue siendo una herramienta maravillosa y a mi entender no importa mucho el horario. Siempre vale la pena (nunca fui a la mañana por ej. debería probar, aunque me parece que no hay funciones para "apurados").-

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  9. Bueno, sí, para un cinéfilo de raza a veces el horario u otras circunstancias no cambia mucho la cuestión, pero el fenómeno de hacerle una pausa al día me refiere más todavía a escaparse hacia el otro lado de la pantalla, al mundo del hombre ése entre las malezas.

    En ese sentido me parece que los recuerdos de las primeras películas en el cine son imborrables y una experiencia cuasi-mística para un niño... al menos los niños de antes!
    Yo todavía tengo imágenes de Nacido el 4 de julio grabadísimas, con las de la tercera parte de Volver al futuro y Gorilas en la niebla, entre tantas otras... Y todo parecía enorme y fantástico como decís vos.

    Saludos y gracias por compartir!

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