... Le gamin au vélo (2011)

EL CHICO DE LA BICICLETA, de Jean-Pierre y Luc Dardenne
con Thomas Doret, Cécile de France y Jérémie Renier
[En UGC ciné cité Lille]


Esto que se viene va a ser una catarata de elogios similar a la que despaché con El silencio de Lorna, cuando les presenté a mis queridos Jean-Pierre y Luc. Pero la razón es que, cuando algo es tan afín a uno, se pierde todo registro de objetividad y escritura crítica: ¡Me encantó esta película! Me encantó en sí misma y todo lo que me hizo sentir, de principio a fin.

Vamos primero a un poco de contexto: Durante tiempos de Cannes en tierras francesas, el cine se pone más barato y traen por acá varias de las películas al día siguiente de ser estrenadas en el festival. Asimismo, a la apertura la pasaron en directo en una sala de cine (no pude ir a verla) junto con el film inaugural; y sin embargo, en este clima más que entusiasmante para mí, la nueva de los Dardenne es lo que me alegraba el alma por estos días pasados, sólo un poco menos que después de verla.

 

Razones no me faltan: un guión super sólido como siempre, actuaciones sin defectos, el ritmo Dardenniano un poquito más rápido que de costumbre y ahora más colorido. Parece que, según ellos mismos dicen, se sentían un poco más felices cuando filmaron esta última obra. Tal vez es porque nunca había visto nada suyo en cine, pero la selección de los planos me resultó tan pero tan exquisita, que a veces me dibujaba una sonrisa.
La historia es la de un niño abandonado y su lucha, algo así como el triunfo del espíritu y lo soleado de la vida frente a los desvíos y baches del camino. (En particular, el sol aparece acá más que en ningún otro film de los Dardenne, aceptando de alguna forma la naturaleza optimista de este relato.) El niño, su bicicleta y sus múltiples desventuras son retratados con suma simpleza y ternura, exponiéndose a parecer querer comprar la audiencia con el drama, pero en realidad cargando con mucha claridad sobre los vínculos humanos y sobre todo con mucha dulzura. A esa dulzura la potencian enormemente Thomas Doret, como el niño, y Cécile de France, en el rol de la mujer que se hace cargo de él. Esta última no suele aportar mucho más que carisma en otras de sus películas, pero acá reluce definitivamente gracias a una buena elección para el personaje y sobre todo a la dirección; aún así, el mérito central cae en las manos blancas y regordetas de Doret. Dotado de una expresividad enorme en el rostro y capaz de transmitir el sufrimiento con su caminar empecinado, este niñito está a la altura de los otros descubrimientos de los Dardenne y es el corazón completo de la película.
Quiero aclarar, a un margen, que si bien yo insisto con la participación de Jérémie Renier en el film (y espero que se entienda que es en broma), por perfecta que sea en la historia, la de Jérémie es una aparición casi anecdótica, como las de los igualmente Dardennianos Olivier Gourmet y Morgan Marinne. Sólo un guiño a su público fiel, supongo.

La verdad es que en estos últimos posts ya he reflexionado demasiado sobre la vida y sus complicaciones, así que por mucho que Le gamin au vélo dé para adentrarse en estos temas, solamente me voy a referir al talento de sus realizadores para hacer esta reflexión directamente y sin palabras, para evocar con sus escenas tanta emoción de forma tan sencilla. Porque si hay algo que emociona es eso, constatar que nuestra felicidad es tan simple como un paseo en bicicleta durante una tarde soleada, aunque a veces necesitemos complicarnos intentando sostenerla con palabras.

Aquí el trío de talentos en el Festival: los Dardenne con Duret. No sé cuántas probabilidades hay de que alguno de ellos gane en Cannes, pero lo tendrían más que merecido.

... un pedacito de Cannes


Cannes me queda un poco más cerca este año, pero continúa lejos. Eso no quita que en un rato nomás me voy a ver la recién estrenada en el festival Le gamin au vélo (El chico de la bicicleta), de los Dardenne. Queriéndolos tanto a estos directores y siendo la primera película suya que veo en cine, cómo no compartir acá mi alegría anticipada, antes de irme al encuentro de Jérémie más contenta que chico con bici nueva.