... Midnight in Paris (2011)

MEDIANOCHE EN PARIS - de Woody Allen
con Owen Wilson, Rachel McAdams y Marion Cotillard.
http://www.imdb.com/title/tt1605783/ 
[En Le Majestic Lille]
Cerrando la trilogía de películas del último Cannes que he visto por estos tiempos (ojalá pueda ver algunas más), tuve el agrado de encontrarme con esta simpática película romántica (porque sin duda otro género no le cabe mejor) de Woody Allen, que tiene mucho de comedia y una ligereza siempre bienvenida.
Midnight in Paris cuenta la historia de un hombre sencillo que, como muchos otros, tiene sus esperanzas puestas en lo inalcanzable (París, el romanticismo, épocas pasadas) e intenta evadirse de su entorno banal-americano. Si bien el mensaje que encierra es claro y repetido hasta el cansancio durante la película: "no todo tiempo pasado fue mejor, el presente es la tierra de las posibilidades", la idea que a mí me gustó ver dibujada en el film fue la del significado de una pareja. Pareja es aquella que comparte el camino, el paisaje: Nuestro protagonista se siente separado de su futura esposa (norteamericana como él) por sus anhelos divergentes, y esto se traduce en que cada uno termine viendo realidades separadas en una misma Paris. Entonces la simpleza de la narración consiste en seguir paso a paso la reconciliación de este hombre pseudo-romántico con su entorno y su concepción de la pareja, hasta ese punto de equilibrio donde no hace falta escaparse de lo prosaico, pero tampoco renunciar a lo mágico.


El humor típico de Woody Allen está presente, y si bien arranca un poco flojo, se va remontando hacia la mitad de la película y tiene pasajes super graciosos. Entre ellos, la breve aparición de Adrien Brody, quien nunca me gustó como actor y encima tiene aquí el nada fácil rol de Dalí; sin embargo, sale airoso del desafío (hay que verlo). También tiene varios personajes muy bien armados (los suegros, entre ellos), otros no tanto (lo de Carla Bruni es completamente soso), y la mayoría funciona con lo suficiente (Wilson, Cotillard, McAdams).
En fin, tengo que admitir que quizá gran parte de mi agrado hacia este film puede venir de la desilusión que me trajo el viejo Woody con su Conocerás al hombre de tus sueños, la última suya que vi, y que me resultó aburrida, chata y sin sentido. Con tremenda preparación, fui casi resignada a la sala y me sorprendí en cambio con pura simpatía. Insisto: no encontrarán aquí una gran película (tal vez la última que Allen hizo así fue Match Point) pero es inmensamente disfrutable, por eso la vería de nuevo.

... The tree of life (2011)

EL ARBOL DE LA VIDA - de Terrence Malick
con Brad Pitt, Jessica Chastain y Sean Penn.
[En UGC Ciné Cité Lille]
Uno de los principales desafíos de quienes hacen cine es lograr que el espectador ingrese, sin darse cuenta, al espacio que le presentan con su película. En ese sentido, por más talentoso que sea un director, siempre es necesario un mínimo de consentimiento por parte de la audiencia para entrar a ese lugar desconocido, con reglas propias, que de antemano le es ajeno. Todo esto viene a que, durante la proyección de El árbol de la vida, mucha gente de la sala que la veía conmigo empezaba a quejarse, comentar o reírse de todos los elementos atípicos que hacen de este film lo que es. Sin duda, esto sucede porque la gran mayoría va esperando determinada cosa de la pantalla, lo que me hace preguntar entonces para qué ir a ver una película nueva, si se busca algo conocido. Porque El árbol de la vida, como toda gran película, tiene un universo propio con una intensidad muy particular, que no recuerdo haber encontrado en ninguna otra (de mis preferidas o no). Sí, tiene varios agregados desconcertantes, pero completamente lógicos en el conjunto, y a lo sumo pueden dejar alguna que otra pregunta dando vueltas, lo cual la vuelve más sugerente.
Sumada a la poca disposición de la gente a un formato no muy convencional, creo que un factor importante para el disgusto de buena parte del público es la intolerancia al tipo de sensaciones que remite esta historia trascendental, que se encarga de retratar -en una de las formas más puras que he visto- la esencia misma de la vida. Es que Terrence Malick ha conseguido aquí mostrar todo aquello que es hermoso en esta tierra, todo lo que late y lo que brilla, los colores, los aromas, los detalles y, con destreza, las sensaciones que todos ellos producen a su contacto. Se trata de una experiencia completamente sensorial dosificada en escenas tremendamente identificables en nuestra historia personal, que nos hacen rebrotar la percepción de esos momentos, y parecen cuestionarnos en presente cuándo perdió uno la sensibilidad necesaria para registrar tanta exhuberancia que nos rodea. Con mano delicadísima e increíble sentido estético, Malick demuestra haber coleccionado un esplendoroso ramo de situaciones e impresiones, en secuencias de profunda y entera belleza. Y no es éste sólo un despliegue de la belleza de lo agradable, también -y sobre todo- la belleza de la angustia, de la inmensidad, la del dolor.


El argumento central -un hilo fuerte, por momentos invisible ante tanta fastuosidad cinematográfica- narra el porvenir de una familia, entre sus vínculos y sus pérdidas, moviéndose en el tiempo y focalizándose sólo en eventos aislados, de importancia emocional más que otra cosa. Sumamente resaltables aquí (Brad Pitt, no tanto) Jessica Chastain como la madre, una especie de ángel de la tierra, expresívisima y hermosa; e igualmente el niño-actor Hunter McCracken (una mezcla entre el protagonista de ET y Emile Hirsch), quien tiene como contraparte adulta un Sean Penn haciendo gestos conocidos, en una de las secciones más flojas de la película.
Hay mucho de original en cuanto al tratamiento de la historia: Aunque sabemos que determinadas circunstancias les pasan a los personajes, y la narración pareciera avanzar, también se nos destaca que en un plano más general todo se vuelve anecdótico, y que lo que subsiste son las secuelas perceptivas de los eventos. Que el tiempo del universo es otro, y que nuestra vida es un corto destello del cual podemos atrapar tantas luces como queramos. Esa es, para mí, una hazaña a nivel fílmico: manifestar el sinsentido y la plasticidad de las formas, y sin embargo mediante ellas transmitir lo que se desea; explotar al máximo la potencia visual y auditiva, y la del campo de las ideas, para trascender libre a través de ellas. (Creo que no me quedan ya más halagos para esta película.)


Si bien la presente reseña me tomó más tiempo del que hubiera querido, lo cierto es que la postergué porque por mucho que quisiera hablar al respecto de El árbol de la vida, se trata de las veces en que no hay grandes aportes para hacer sobre un film y su estupendo poder artístico se manifiesta sólo viéndolo con los sentidos despejados. Y en esta línea de ideas, elegirles un par de imágenes para ilustrar el comentario resulta una de las tareas más ridículas que puede emprenderse: Si yo antes había mencionado los hermosísimos planos de Le gamin au vélo, aquí me quedo corta para explicarles o mostrarles lo que se puede hacer con una cámara y el conocimiento sobre su entorno que parece tener Malick.
En síntesis, y para no prolongar algo que no necesita de más vueltas o explicaciones, es ésta una de las películas que más me ha impactado en todas (pero todas) mis idas al cine, y considero una muestra de valentía lo que ha hecho su director al armarla. Porque pueden interpretársele aires complicados de snobismo en su originalidad, pero es ella en esencia un producto simple, una muestra de simpatía hacia la vida, envuelta en una afirmación de todo aquello que existe y merece ser celebrado. ¡A no perdérsela en pantalla grande, apenas puedan verla!