... En el camino (2012)

ON THE ROAD
de Walter Salles; con Sam Riley y Garrett Hedlund.
Cuando se acercaba el final de En el camino y le película remontaba un poquito, me puse a pensar por qué me resultaba tan anacrónica y banal, siendo que trata temas bastante universales. Inmediatamente pensé en la otra road-movie que hizo Walter Salles, sobre los primeros viajes del Che, y me pareció ver una especie de evolución tanto en este género de películas como en el espíritu de "estar en la ruta". Y en ese sentido, En el camino queda como algo ya visto, un relato a veces entretenido de algo conocido, sin ningún ángulo nuevo desde dónde viajar con los protagonistas.
Cuando digo "evolución del concepto de salir a la ruta", me refiero a que lo que proponen el libro y la película fue uno de los primeros gritos contemporáneos que mostraban la necesidad de salir, sin planes y a descubrir/se, de romper con una sociedad estructurada que no satisface las almas inquietas (a las quietas tampoco, pero bué). Ahí la generacion beat sale y se droga y recorre zonas desconocidas sin importarle demasiado el entorno (eso está patente en el film, no sé si a propósito o no) sino sólo sacudiéndose gracias a lo nuevo.
Creo que la superación a ese viaje puramente rebelde puede ser el que relata Diarios de Motocicleta, algo así como un viaje más "revolucionario" donde el moverse abre los ojos al entorno e involucra con los demás al que viaja. Usando la aventura del Che sólo como un ejemplo, creo que este tipo de viajes sentó una base donde el "viaje rebelde" queda minimizado frente a lo poderoso y comprometido del "viaje revolucionario".
Pero luego de múltiples desencantos con el sueño de la revolución, ¿cuál es el paso siguiente, cuál es la nueva ruta que se sigue? No puedo más que pensar en un viaje a lo Into the wild, donde ganan los toques existencialistas frente a los sociales, y donde el nivel de abstracción es mayor: El viaje es un símbolo, la gente se vuelve un reflejo, el verdadero viaje es la vida de uno al choque con lo de afuera. (Y estoy hablando sin dudas de la película de Sean Penn, porque el libro de Krakauer tiene menos vuelo que telenovela de mediodía.)
Lo que estoy queriendo decir con todo esto no es que en cada época deban hacerse cierto tipo de viajes (cada uno puede hacer el que quiera con resultados seguramente impredecibles), sino que en la medida en que un grupo de gente alcanza nuevas formas de reinventar el movimiento, y sobre todo de relatar ese movimiento, es necio negar esos precedentes. Quiero decir, en la película En el camino sólo se repite la narración de aquel viaje rebelde tantas veces viajado, sin reconocer que éste ha sido superado por otras formas de descubrir el mundo, sin un nueva luz con la cual verlos salir a la ruta. Si tan sólo se incorporara ese conocimiento, no importaría el hecho de que el libro original sea de fines de los '40.
En este punto tengo que admitir que el error es puramente de Salles o de sus productores, porque la novela no fue otra cosa que lo opuesto de banal y anacrónico: Leí En el camino cuando tenía algo así como 14 años, cuando tal vez no entendía el sinsentido de lo "adulto" que conlleva al reviente, pero sí comprendí la genialidad del estilo de Kerouac, que es a fin de cuentas lo verdaderamente rebelde en su libro. Y ese estilo no se traduce en la pantalla, porque Walter Salles es prolijo, amable, perfecto para lo que hizo en sus primeros filmes, pero aquí peca de inocente y desactualizado. Lo perdonamos.


Claro que la experiencia completa de este film no es de ninguna forma negativa, así que no duden en verlo. Yo, como rescatable, re-encontré en él un concepto nada original pero siempre lindo: la idea del escritor como observador, introducida sin vueltas con la presencia constante de Proust y su tiempo perdido. Esto es, el protagonista (un escritor) se da cuenta sólo al final de la historia de que ya tiene el relato que estaba buscando para escribir, porque lo estuvo construyendo con su propia vida, como testigo.

Mi último comentario sobre la película es una queja sobre la gastada mención burlesca a Reich y su acumulador de orgón, que le corresponde al personaje de Viggo Mortensen. Vale decir que es un poquito más respetuosa que la que hace Woody Allen en Sleeper, pero no deja de ser una ridiculización. Ya llegará  la venganza.

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