... Habla, memoria

Terminé un libro que anduve arrastrando varios meses: Speak, memory, la autobiografía de mi querido Vladimir Nabokov. No digo "arrastrar" porque sea feo o pesado, simplemente porque me encuentro cargando con el libro a todas partes en la espera de tener un momento o un espacio para leer. Además, entremedio empiezo otros libros y el primero va quedando colgado. El más atractivo y acorde a mi ánimo, gana.


Speak, memory es como todos dicen, una de las más lindas autobiografías que se hayan escrito. Uno llega a tal punto de intimidad con Vladimir que parece haber compartido los recuerdos de su vida gracias a una confesión personalizada, y no a un libro al alcance de cualquiera. Lo que más me gustó es la libertad de su autor para cambiar de ritmo, centrarse durante excesivos párrafos en detalles, y moverse en el tiempo y en el espacio como total dueño de su obra. Eso demuestra una enorme confianza en su don de escritor y sobre todo en el poder de las emociones convocadas en el relato, que son más fuertes que la supuesta linealidad de una vida. Esa es, en última instancia, la tesis encerrada en este libro por Nabokov: atrapar las verdaderas líneas de su existencia, que se extienden independientemente del tiempo y las circunstancias. Tamaña empresa, en sus talentosas manos, no puede sino dar un fruto como éste.

... Antes de medianoche!

Supongo que muchos de ustedes se pondrán tan contentos como yo al saber que para el año que viene estará lista la continuación de las hermosas obras de Richard Linklater, Before Sunrise y Before Sunset.
Para los desprevenidos que no han leído nada al respecto, esta tercera parte se llamará Before Midnight y cuenta con el ya envejecido dúo Delpy-Hawke en Grecia, deleitándonos con sus andanzas bohemio-reflexivas y super románticas. Para los obsesivos (¿como yo?), es un placer que esta última película respete y repita la pausa de 9 años que hubo entre la primera (1995) y la segunda (2004); pero claro, el mayor placer es esperar lo que sin dudas será un gran film. Más detalles, AQUI.


Es ésta una de las pocas razones por las cuales prefiero que el mundo no se termine en diciembre próximo. ¿Y ustedes?

... la felicidad

Hoy iba caminando temprano hacia mi laboratorio, con un poco de fastidio y sueño. En el trayecto me cruzo con esta especie de feria de frutas y verduras, que hay algunos días por la mañana en una plazoleta cercana a mi casa. Allí van amas de casa activas, o gente cuyo horario de trabajo les permite pasarse un buen rato discutiendo sobre el color de los duraznos o con qué verdura preparar el almuerzo del día. 


Mientras cruzaba ese espectáculo tan francés, un tanto alegre y distendido, me sentí envidiar la ligereza del plan matinal de estas personas que van de compras sin apuros, y que no se arrastran, como yo, medio dormidas a trabajar. Sin mirarles demasiado los rostros, pensé que esa gente era feliz, y pensé que yo también sería feliz si esa fuera la agenda del comienzo de mi día. 
Y en el proceso de atravesar la feria también pude imaginarme a mí misma del otro lado, con la mañana libre y comprando manzanas, mientras seguramente vería pasar a alguien que se dirige a trabajar, con una misión en la vida y un calendario lleno de cosas serias. Pensé que seguramente creería que esa persona es feliz, caminando con una dirección y un sentido, sin tener que inventarse un paseo entre verduras para ocupar su mañana. Entonces me dí cuenta de que para que esa yo imaginaria que compraba verduras tuviera razón, la yo que caminaba al trabajo debía ser feliz. Aun más, para que ambas yoes vivieran en un mundo donde hay alguien del otro lado siendo feliz, yo debía ser feliz. Sólo de esa manera sería verdad mi idea inicial de que esa gente estaba disfrutando, y en última instancia de que existe alguna versión mía que es feliz. 
En síntesis, descubrí que para que existiera en absoluto la felicidad en el mundo, yo debía ser feliz. Y fui feliz por un segundo. Después seguí arrastrándome, medio dormida, al trabajo.

... Broken (2012)

Para concluir la trilogía de posts sobre lo claro y lo oscuro, procedo a recomendarles una película que contiene ambas tonalidades y sale airosa al conjugarlas. Broken es un film inglés, dulce como la vida y con tanto dolor como ésta misma. La vi con mi hermana en circunstancias particulares, en una tarde calurosa de París, y carga ahora en el recuerdo con la fuerza y el sufrimiento de un día húmedo de verano. Su director era para mí desconocido, pero un atractivo imperdible de esta película fue la presencia del siempre justo Cillian Murphy, quien encarna aquí al "hombre bueno" como sólo él puede.

BROKEN
de Rufus Norris, con Tim Roth, Eloise Laurence y Cillian Murphy
Los conceptos de bondad y maldad, que son la esencia de este film, siempre me resultaron interesantes y enormemente ligados a nuestra cotidianeidad, más que a una naturaleza intrínseca de cada uno. Broken los explora de esa forma, en el día a día de la vida de una niña situada entre estos dos polos: Una sucesión de choques entre inocencia y crueldad la van dejando indefensa frente a su realidad, sobre la cual finalmente se erige como bastión de todo lo que es bueno.
Skunk, la niña, vive con su padre, su hermano y (a raíz del abandono de su madre) una afectuosa niñera. Si bien ese hogar es una muestra de cordialidad y luz, la ausencia de la madre también ejerce una fuerza ominosa sobre ese "nido". Este juego de fuerzas se traslada a todos los elementos del film: una familia vecina, nicho de maldad engendrada por la ignorancia, al mismo tiempo también derrocha cariño. Y así con todos los personajes, empujados alternativamente por aquello que parecen las manos de la vida y las de la muerte.
A este respecto, del que vengo hablando en los posts previos, sólo me queda decir que en mi experiencia lo bueno es siempre lo correcto, y viceversa, y que lo correcto es eso que sólo aparece cuando uno está en su lugar verdadero en la vida. Por más tautológico que parezca esto que escribo, creo que aquél que lo ha experimentado sabe que no hay otra forma de describirlo: es únicamente el esfuerzo de ser uno el que nos permite hacer las cosas bien, y es la debilidad de no reconocerse la que produce los errores, la maldad. La protagonista de Broken (interpretada magistralmente por la pequeña actriz Eloise Laurence) es una niña, y como tal es simultáneamente buena y débil; y su insistencia en situarse en la inocencia infantil es la que le da toda la fuerza para ser lo verdaderamente correcto en el film. Es sólo una cuestión de insistencia, impecabilidad y repetición la que nos da el lugar apropiado en nuestra vida. Por eso elegir vivir y ser bueno es un esfuerzo, y por eso la vida es cansadora para el que la vive a pleno: porque cada segundo cuenta para estar en presente, sosteniendo lo correcto -que por desgracia suele ser  frágil-, y en definitiva siendo "bueno".

Cillian, sufriendo en carne propia la maldad
Con todos estos ingredientes en juego, creo que es ésta una película que sirve para intentar reconocerse en (y sentirse reaccionar ante) los distintos rincones de todo lo que late; lo lindo y lo feo, lo dulce y lo grotesco. También para sentir el peso que significa estar vivo, y la liviandad y belleza que al mismo tiempo puede otorgar su fragilidad. Broken tiene además un final emocionante, al cual le reprocho un detalle, pero que me recordó emociones de las que desborda esa otra obra de arte que es El árbol de la vida.